Cada arruga de su piel lleva escrita una historia,
y aunque le falle la memoria no necesita papel.
Pues el relato de una vida entre penas y glorias,
son recuerdos que no borra ni siquiera la vejez.
Su voz, apacible y clara, me habla de tiempos pasados,
del sufrimiento y la lucha, por teñir el rojo de morado. De la igualdad y los derechos que esta vida nos ha dado,
de los caídos en el frente y los que fueron fusilados.
Aunque sus ojos se entristecen y tiembla el pulso de sus manos,
entre tragos de café continúa con sus relatos.
Cuenta amargas vivencias, impregnadas de dolor y llanto,
la otra cara de la historia, que el fascismo a sepultado.
Pero ni la sociedad ni el tiempo han conseguido silenciar,
las voces de los que dieron su vida por la libertad.
Aquellos que nos dotaron de las armas para luchar,
y nos legaron la semilla para sembrar la igualdad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario